Padre Celestial, En este Miércoles de Ceniza, vengo ante Ti con humildad, reconociendo mi necesidad de Tu gracia y misericordia. Al recibir las cenizas sobre mi cabeza, recuerdo que solo soy polvo, y al polvo he de volver. Sin embargo, en Tu gran amor, me has dado vida eterna por medio de Jesucristo. Señor, examina mi corazón y muéstrame cualquier cosa que me aleje de Ti. Confieso mis pecados y los dejo a los pies de la cruz. Crea en mí un corazón limpio, oh Dios, y renueva un espíritu recto dentro de mí. Ayúdame a caminar en arrepentimiento, no solo hoy, sino a lo largo de toda esta temporada de Cuaresma. Enséñame a ayunar, no solo de comida, sino también del orgullo, el egoísmo y todo aquello que me aparta de Ti. Llena mi corazón de hambre por Tu Palabra, sed de justicia y un profundo anhelo de conocerte más. Mientras recorro este tiempo de reflexión, ayúdame a fijar mis ojos en Jesús, quien llevó mis pecados y venció la tumba. Que esta Cuaresma me acerque más a Ti. Que sea un tiempo de renovación, de apartarme del pecado y volcarme por completo hacia Tu amor y gracia. Fortaléceme para amar a los demás como Tú me has amado y para vivir cada día para Tu gloria. Me rindo ante Ti, Señor. Que se haga Tu voluntad en mi vida. Amén.
Nos humillamos. Exaltamos Su nombre.
¿Quién de nosotros celebrará la Navidad correctamente? Aquel que finalmente deje todo poder, todo honor, toda reputación, toda vanidad, toda arrogancia, todo individualismo junto al pesebre. - Dietrich Bonhoeffer