La fe y el miedo ambos exigen tu enfoque. Elige sabiamente.

Dios mío, tú eres mi luz y mi salvación; ¿De quién voy a tener miedo? Tú eres quien protege mi vida; ¡nadie me infunde temor! - Salmos 27:1
Teme a Dios y no tendrás que temer nada más
Cuando adoramos, nuestros problemas se vuelven más pequeños y la esperanza se hace más grande.
No me preocuparé por el mañana porque sé quién tiene el mañana en sus manos.
No temas al mañana, porque Dios ya está allí.
La presencia del miedo no significa que no tengas fe. El miedo visita a todos. Pero haz que tu miedo sea un visitante y no un residente. - Max Lucado
Él será tu ancla en la tormenta.