A veces, la persona que evitas es justamente aquella con la que Dios te invita a reconciliarte. No resistas el proceso si Dios está tratando de traer paz donde hubo distancia.
Es fácil aferrarnos al resentimiento o alejarnos de quienes nos han herido. Pero, ¿y si esa relación que ya diste por perdida es justamente la que Dios quiere sanar?