La tumba vacía no es solo un momento para recordar. Es una invitación a confiar en Aquel que trae renovación donde menos lo esperamos.
Cuando las mujeres entraron en la tumba, entraron en la prueba de la fidelidad de Dios. La piedra había sido removida, la tumba estaba en silencio, y cada temor que llevaban fue sobrecogido por la realidad de la Resurrección.