Cuando operamos con nuestra propia fuerza, estamos limitados a lo que podemos hacer. Pero cuando dejamos que Dios opere con la Suya, todo es posible.
¿Por qué el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad? Porque cuando reconocemos que no podemos hacerlo por nuestra cuenta, dejamos de estorbar y permitimos que Dios haga las cosas de la manera correcta.