Dios no necesita nuestro dinero. Él quiere nuestro corazón. Tenemos que dar para que el dinero no controle nuestro corazón.
En cada área, vive una vida que glorifica a Dios.
Jesús, cambiaste el agua en vino. ¿Qué tal algunas de estas facturas en efectivo?
La generosidad es buena para el corazón