Cuando oramos de acuerdo a la voluntad de Dios—el plan del bien y no del mal—Él nos escucha. ¡Es una promesa!
Y estamos seguros de que Él nos oye cada vez que le pedimos algo que le agrada; y como sabemos que él nos oye cuando le hacemos nuestras peticiones, también sabemos que nos dará lo que le pedimos. (14-15)