¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Gracias Dios, porque no nos juzgas por nuestras faltas, pero nos perdonas y abrazas, sin importar cuán desordenados seamos.