Temer al Señor significa estar maravillado por quién es Él...Su santidad, poder y misericordia. No se trata de tener miedo de Dios. Se trata de ser profundamente conscientes de Su grandeza y responder con corazones entregados completamente a Él.
Cuando ponemos nuestra esperanza en el amor inquebrantable de Dios, estamos eligiendo algo más profundo que las emociones o las circunstancias. Su amor nunca se rompe, nunca se agota y nunca falla.