Pablo nos urge a quitar la mirada de nosotros mismos y considerar primero las necesidades de los demás. Este tipo de vida desinteresada refleja el corazón de Jesús, quien vino no para ser servido, sino para servir.
Este versículo no trata de ser pasivamente bondadoso. Es un llamado a notar y responder activamente a las necesidades de los demás.