Las promesas de Dios no son como promesas humanas que pueden ser rotas u olvidadas. Cuando Dios hace una promesa, es cierta y completa.
Esperar puede ser retante, especialmente cuando anhelamos la plenitud de las promesas de Dios. Este verso nos anima a que nos aferremos a la esperanza del periodo de espera. Así como Dios prometió restaurar a Israel y Juda, Él promete estar con nosotros y guiarnos por las temporadas de espera.