Enfócate menos en tu imagen, y más en tu devoción a Dios. Al final, solo una de ellas te seguirá a la eternidad.
Nuestra sociedad está obsesionada con imagen. Compraremos carteras que no podemos pagar para dar la apariencia de riqueza, mientras no podemos pagar lo que realmente necesitamos. No dejes que este sea el caso con tu alma también.