Este es el misterio de la salvación. Morimos para poder ser libres de la pena de muerte, y vivimos en la vida que Cristo nos provee.
"Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí." (NTV)