Hombre de dolores, Cordero de Dios, traicionado por los suyos
Observa Su cabeza, Sus manos, Sus pies, tristeza y amor fluyen de Él
El que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? — Romanos 8:32
Por Su muerte tenemos vida