Es tan fácil enfocarnos en las cosas que nos agobian cuando estamos en el valle. En esos momentos, escogemos confiar y mirar a Jesús. Él es más grande que cualquier cosa que enfrentemos.
Las cosas de este mundo son temporeras, pero Jesús es para siempre. “Así que enfocamos nuestra vista no en lo que podemos ver, sino en lo que no vemos, porque lo que vemos es temporero, pero lo que no vemos es eterno.