Si queremos conocer a Dios no solo con la mente, sino también con el corazón, debemos ser intencionales. Eso significa apartar momentos de silencio, desconectarnos de las distracciones y sentarnos en Su presencia, no para cumplir con una obligación, sino para conocerlo profundamente.
Saber acerca de Dios no es lo mismo que conocerlo personalmente. Ese tipo de intimidad solo se logra pasando tiempo con Él de manera constante e intencional.