Y ya no soy yo el que vive, sino que es Jesucristo el que vive en mí. Y ahora vivo gracias a mi confianza en el Hijo de Dios, porque Él me amó y quiso morir para salvarme.
Así es como podemos estar muertos al pecado pero vivos para Cristo. Según la ley, ya hemos sido crucificados por nuestros pecados. La vida que ahora vivimos es a través de la justicia y resurrección de Jesús.