La Iglesia es imperfecta. Somos personas defectuosas. Pero el amor compensa esas imperfecciones. Cuando amamos a los demás y mostramos gracia, Dios recibe la gloria a pesar de nosotros mismos.
Por encima de estar en lo correcto...por encima de ser influyente...por encima de sentarse en la fila delantera de la iglesia...somos llamados a amar.