En un mundo que nos dice que busquemos el éxito, la comodidad y el reconocimiento, la Biblia nos invita a perseguir algo más grande: la justicia, la fe, el amor, la perseverancia y la mansedumbre.
Lo que perseguimos moldea en quién nos convertimos. Cuando buscamos la justicia y una vida con Dios, nuestro corazón se alinea con las prioridades del cielo, no con el ruido del mundo.