La iglesia nunca fue pensada como un museo para gente perfecta. Es el punto de encuentro de los rotos, los desordenados, los que todavía están descubriendo el camino y los que vuelven a intentarlo. Aquí, todos son bienvenidos.
Alerta de spoiler: nadie en ese edificio lo tiene todo resuelto. Todos estamos simplemente llegando, haciendo lo mejor que podemos y apoyándonos en un Dios que nos ama de todos modos. Ven y sé parte.