No se trata solo de una libertad física. Cristo nos liberó de la esclavitud del pecado y de patrones de pensamiento caídos. Por eso es tan importante dejar que el Espíritu mantenga viva esa libertad en nosotros y no permitir que la carne nos jale de vuelta a las viejas maneras de vivir.
No dejes que nada te jale de regreso a esa vida vieja, de antes de Cristo.