Hay etapas en las que el camino no se ve claro. En esos momentos, Dios no siempre elimina toda la oscuridad de inmediato. Más bien, nos concede con fidelidad la luz necesaria para dar el próximo paso.
Dios no nos apresura a través de la noche. Él camina con nosotros en medio de ella. Ilumina nuestro camino con su paz y su presencia.