Las mejores cosas de la vida no se encuentran en la tierra, sino en la eternidad con Dios. Cada sacrificio que hacemos por Cristo será ampliamente superado por el gozo de estar con Él para siempre.
El mundo ofrece alegría temporera, pero el gozo de Dios es para siempre. No importa lo que enfrentes, Su gozo permanece porque está arraigada a quien Él es, no lo que experimentamos.