Cuando Jesús nos dice que seamos santos, no es que seamos perfectos. No lo podemos ser. Él nos invita a separarnos para los propósitos de Dios.
Quiero ser santo como Tu
Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un espíritu nuevo y fiel! - Salmos 51:10
Ese placer temporal no se puede comparar con la gloria eterna.