Cuando vivimos en contra de las leyes de Dios, sentimos una lucha interna en el corazón. Pero cuando nuestros pensamientos se alinean con los de Dios, experimentamos paz y gozo, porque estamos viviendo de acuerdo con el propósito para el cual fuimos creados.
El salmista no busca la felicidad directamente; se sumerge en las leyes de Dios y de ahí brota el gozo.