Nada de lo que has pasado se desperdicia en las manos de Dios.
El plan del enemigo es convencerte que haz dañado demasiadas cosas como para que Dios te ame.
Dios quiere darte una vida libre de vergüenza
“Porque perdonaré sus maldades, y nunca más me acordaré de sus pecados.” — Hebreos 8:12