1. Señales de que quizás estás en una temporada de desierto…2. Estás haciendo todo bien y nada se mueve. Orando. Leyendo. Mostrándote. Y sientes como si tus oraciones chocaran con el techo y se deslizaran por la pared.3. No estás enojado con Dios exactamente. Solo… confundido. El silencio no es hostil. Es simplemente muy, muy callado.4. Las cosas que antes te llenaban ya no te están llenando igual. La adoración se siente vacía. La Escritura se siente familiar pero lejana. Estás yendo por inercia y lo sabes.5. Sigues esperando lo que se supone que debe pasar. Y sigue sin pasar. Y ya se te están acabando las formas de estar bien con eso.6. Estás cansado de una manera que el sueño no repara. No es agotamiento físico. Es cansancio del alma.7. Aquí está la cosa: el desierto es donde Dios hace algunos de sus trabajos más importantes. Israel. Moisés. David. Jesús. Todos estuvieron ahí. Ninguno se quedó para siempre.8. El desierto tiene una salida. No estás perdido. Estás en proceso. Y el Dios que te llevó adentro es el mismo Dios que te saca.