Ora como si todo dependiera de ti, y trabaja como si todo dependiera de Dios.
Uno de los grandes misterios del universo es que, aunque Dios puede hacer lo que desee, Él decide obrar por medio de personas frágiles e imperfectas. La clave para comprender este misterio está en la relación: no se trata de la tarea, sino de caminar y trabajar con Sus hijos.