Cuando Dios se convierte en tu mayor alegría, Él alinea tus deseos con Su bondad. Cuanto más lo buscamos, más nuestro corazón desea lo que Él desea.
Esto no significa que Dios nos dé todo lo que pedimos, sino que, al encontrar nuestro deleite en Él, va cambiando nuestro corazón hasta que lo que deseamos nace de Su amor, Su sabiduría y Su propósito.