El liderazgo fundamentado en la rectitud trae alegría y paz, mientras que el egoísmo y la corrupción traen dolor. Oremos por líderes que busquen sabiduría, justicia y humildad delante de Dios.
Los líderes justos elevan a los demás; los corruptos los oprimen. Por eso la Escritura nos llama a orar por quienes tienen autoridad y a vivir con integridad dondequiera que lideremos. Ya sea en el gobierno, en el trabajo o en el hogar, que nuestra manera de liderar haga que otros se alegren.